Encontrar trabajo puede parecer un objetivo cotidiano. Para muchas de las personas que pasan por Proyecto Hombre Salamanca, sin embargo, supone recuperar hábitos, volver a confiar en uno mismo y demostrar que una vida marcada por la adicción no tiene por qué definir el futuro. La incorporación al empleo es, en muchos casos, el último paso de un proceso mucho más complejo: el de volver a formar parte de la sociedad.
Esa visión integral de la recuperación es la que ha llevado a CEOE CEPYME Salamanca a conceder a Proyecto Hombre Salamanca el Premio a la Solidaridad, reconociendo una trayectoria de más de dos décadas acompañando a personas con problemas de adicciones y poniendo en valor, de manera especial, su trabajo de reinserción sociolaboral.
La historia de la entidad en Salamanca comenzó mucho antes de la inauguración de su primer centro. Manuel Muiños, gallego de nacimiento y salmantino de adopción, conocía la metodología de Proyecto Hombre y estaba convencido de que la provincia necesitaba una respuesta especializada a una realidad que no estaba completamente cubierta. Junto a un grupo de personas comprometidas con esta causa impulsó en el año 2000 la Fundación Alcándara, que serviría de soporte a la implantación del proyecto en Salamanca. Fueron años de preparación, formación y búsqueda de recursos. El 18 de febrero de 2004 abrió sus puertas la primera comunidad terapéutica de Proyecto Hombre Salamanca, ubicada en la carretera de Alba de Tormes, en Carbajosa de la Sagrada.
«Había personas que acudían pidiendo ayuda y había que dar una ayuda no solo desde la buena voluntad, sino desde una profesionalidad y una respuesta adecuada a cada realidad», recuerda Muiños.
Desde entonces, la entidad ha ampliado progresivamente su actividad para adaptarse a necesidades cada vez más diversas. Hoy, además de la comunidad terapéutica, cuenta con un Centro de Día en la calle Huertas de la Trinidad, donde se desarrollan el Servicio de Evaluación, Orientación y Diagnóstico (SEOD), el Programa Alba de tratamiento ambulatorio, el Programa de Reinserción, el programa de atención domiciliaria Trashoguero, actuaciones de prevención, apoyo a familias y voluntariado. A ello se suma el piso de apoyo a la reinserción situado en la calle Ramón y Cajal, gestionado gracias a la cesión realizada por los Hermanos Capuchinos en 2015.
La evolución de la entidad ha ido de la mano de los cambios experimentados por la propia sociedad. Si hace dos décadas la mayor parte de las intervenciones estaban vinculadas al consumo de drogas, hoy Proyecto Hombre Salamanca atiende también adicciones sin sustancia relacionadas con las pantallas o las nuevas tecnologías, sin perder de vista problemas que siguen teniendo una elevada incidencia, como el alcoholismo.
Detrás de cada programa existe, sin embargo, una misma filosofía de trabajo: la recuperación no consiste únicamente en abandonar el consumo.
«Lo prioritario es conocerse a sí mismo y trabajarse a sí mismo como persona para que ante dificultades encuentres una respuesta adecuada que no sea el consumo o el mundo de la adicción», explica Muiños.
Ese proceso implica recuperar rutinas, aprender a gestionar el dinero, fortalecer relaciones familiares, asumir responsabilidades o desarrollar habilidades personales y sociales. Solo después llega uno de los momentos más decisivos: la incorporación al mundo laboral.
«No puedes poner a una persona a trabajar si antes no tiene otras habilidades y otras capacidades trabajadas», afirma. Por eso, el Programa de Reinserción Sociolaboral acompaña a cada usuario en la formación, la elaboración del currículum, la preparación de entrevistas y la búsqueda activa de empleo. El objetivo no es encontrar un trabajo a cualquier precio, sino favorecer una autonomía sólida y duradera.
La propia entidad ha creado herramientas para hacerlo posible. A través de Alcándara SLU, su empresa de inserción sociolaboral, ofrece oportunidades laborales a personas con especiales dificultades de acceso al mercado de trabajo mediante actividades vinculadas al mantenimiento de jardines, limpieza y conservación de espacios públicos. Concebida como un puente hacia el empleo ordinario, esta iniciativa permite adaptar ritmos y apoyos a perfiles que requieren itinerarios más prolongados.
«Ellos tienen que responsabilizarse, porque si van a dejar de depender de una adicción para depender de una institución, mal vamos», señala Muiños.
Más de veinte años después de su puesta en marcha, Proyecto Hombre Salamanca sigue evolucionando para responder a nuevas realidades y perfiles cada vez más complejos. Pero mantiene intacta la idea que impulsó sus primeros pasos: ofrecer una respuesta profesional y humana a quienes necesitan una oportunidad para reconstruir su vida, sabiendo que, muchas veces, volver a trabajar significa también volver a sentirse parte de ella.
